¡Verano inglés! Habrá quien niegue la cohabitación de ambas palabras en la misma frase, al menos desde el punto de vista meteorológico. Pero, dejando aparte las lluvias intempestivas y las temperaturas por debajo de los 20 grados, sí que podemos evocar una serie de imágenes, sonidos y acontecimientos cuya suma, al menos en espíritu, conforma una estampa veraniega. De la vida en los parques de Blur al Long Hot Summer de los siempre elegantes Style Council, de las regatas a las riberas de los canales, de Wimbledon a las partidas interminables indescrifrables de cricket, con sus fresas con nata y su Pimm's.
Un Pimm's Cup es sinónimo de verano inglés. Basta con
prepararse uno para evocar los días plácidos de las vacaciones, en un
jardín tranquilo, con el rumor de fondo de los jugadores de crícket
sobre la hierba de un prado público en el centro del pueblo. Tiene
color, es refrescante y ligeramente alcohólico. Se lo debemos al bueno de James Pimm, quien a comienzos del
siglo XIX comenzó a servir un tónico digestivo en su barra especializada
en ostras. El negoció floreció y Pimm tuvo que embotellar su creación
para hacer frente a la demanda de otros establecimientos que también
querían venderlo. Así nació el Pimm's Nº1 Cup, llamado así por la copa
en la que se servía, el primero de una serie cuyos números hacían
referencia al alcohol con el que se encabezaba la bebida: el primero, a
base de ginebra; el segundo, whisky; el tercero, brandy; el cuatro, ron,
etcétera. Pimm's pasó altibajos (los gustos son volubles, como nos ha
demostrado la reciente moda del gin tonic) y ahora sólo sobrevive el
Nº 1, el más popular; de forma testimonial existen el Nº 7, a base de
vodka y con una producción muy limitada, y el Nº 3, que se vende en
Navidad y se prepara caliente.


