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domingo, 17 de febrero de 2013
Pavlova de frutos rojos
En la última entrada surgió en los comentarios el parecido que guardan entre sí dos postres clásicos de Escocia e Inglaterra, respectivamente, el Cranachan y el Eton Mess. Este último podría emparentarse también con otro sospechoso habitual de la sobremesa británica, el trifle, ya que ambos parecen recetas de aprovechamiento de preparaciones anteriores. En el caso del Eton Mess se dice su origen se debió a un accidente que sufrió una pavlova, así que ya que hemos mencionado a su derivado, no parece estar de más traer a colación el postre original, cuya receta también incluimos en el libro.
Como otras recetas bautizadas con el nombre de alguien famoso -la tortilla Arnold Bennett sería otro ejemplo británico-, se dice que la pavlova se cocinó en honor a la bailarina rusa de este apellido, durante una gira por Nueva Zelanda en 1926. Esto nos propone un juego parecido al del huevo y la gallina, porque hay quien afirma que el Eton Mess ya se conocía por este nombre en el siglo XIX y, por tanto, sería anterior a la pavlova de la que parece que se originó. Sea como sea, la leyenda está firmemente establecida y el hecho de que tanto una receta como otra compartan casi idénticamente los ingredientes también hace bastante para afianzarla.
La pavlova es, además, uno de esos postres cuyos resultados son especialmente satisfactorios por el poco trabajo que ofrecen y lo bien que queda. En el fondo no es más que una base de merengue, que habremos horneado para que quede crujiente por fuera y algo cremosa en el interior, sobre la que colocamos la fruta de nuestra elección, acompañada por nata montada o un coulis de la propia fruta. Sobra decir que los frutos rojos se prestan de maravilla a la receta.
jueves, 30 de agosto de 2012
Eton Mess
En el verano inglés no faltan los partidos de críquet, Wimbledon o festivales como el de la ópera de Glyndebourne. Por distintos que parezcan entre sí, estas tres citas tienen algo en común: las fresas con nata. Esta combinación representa para muchos ingleses, y para muchos otros que no lo son, uno de los sabores del verano.
Una de las formas más clásicas de esta feliz convivencia es el Eton Mess. Sus ingredientes básicos con fresas, merengue y nata. La leyenda cuenta que el Eton Mess nació cuando la mascota del célebre colegio, un perro labrador, se sentó sobre un cesto que contenía una pavlova pensada para ser comida en el descanso de uno de esos interminables partidos de críquet escolar. El resultado fue un desaguisado, un "mess", que, sin embargo, estaba rico. Desde hace más de un siglo el Eton Mess es uno de los postres clásicos del repertorio británico.
Para cuatro personas, cortamos medio kilo de fresas en cuartos o mitades. Reservamos un puñado para triturar con una batidora o robot. Montamos 300 mililitros de nata con azúcar al gusto. Aparte, estrujamos cuatro merengues hasta romperlos en trozos ni demasiado grandes ni demasiado pequeños. En un bol mezclamos los merengues rotos, la nata montada, el jugo de las fresas trituradas y los trozos de fruta. O bien servimos en copas individuales, alternando capas de fruta y de nata.
El Eton Mess de la fotografía (y del libro) se preparó con fresas silvestres que, a estas alturas del verano, ya han desaparecido. Pero se puede hacer con frambuesas o moras, por supuesto.
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